20 ABRIL CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Cuando algo no se cuida, a veces, es sorprendente como aún así consiguen florecer iniciativas por encima de las malas hierbas. Esto es lo que la música nos había enseñado todos estos años en el Conservatorio Montserrat Caballé de Arganda. Los alumnos, padres y profesores, ignorados por la directiva del centro y el ayuntamiento, hacíamos que nuestro amor por esta disciplina se convirtiese en resistencia. Transformábamos todas las trabas que ellos ponían en potencial para crear cultura en un municipio donde no se quería. O así, hasta hoy, nos lo han demostrado.

El 20 de Abril, acudíamos a una reunión convocada de manera urgente justo el día anterior, cuyo tema no se nos reveló hasta el mismo momento de nuestra llegada (aunque nosotros, guiados por muchos rumores, temíamos lo que se iba a anunciar).

El Ayuntamiento decidía poner  fin a las Enseñanzas de Grado Medio impartidas en este centro.

Nosotros como alumnos nos sentíamos defraudados. Veíamos mermar todo aquello por lo que habíamos luchado durante muchos años. Nos quitaban una parte de nuestra vida, experiencias, madurez, nuestra educación musical, en definitiva, nuestro alma.

 

Y esta terrible noticia se nos informaba de manera disgregada, incoherente, con falta de argumentos, para evitar que nuestras voces se alzaran agrupadas en una, para evitar hacer de todas nuestras quejas una fuerza mayor que ejerciera, para la música, de cobijo y protección frente a estos verdugos.

 

Asistíamos al final de la cultura de este pueblo. Quedábamos a la intemperie como una juventud con inquietudes cortadas de raíz, ¿el delito?, querer hacer de la música emblema del municipio.

Habíamos sido acorralados mientras ellos, hipócritas, pretendían hacernos creer que habían defendido a capa y espada mantener las enseñanzas de grado medio cuando en todos estos años sólo habíamos servido de títeres para sus propios intereses políticos. Más allá, éramos invisibles.

 

De todos es sabido que cuando algo además de no cuidarse se envenena de manera sigilosa, sólo queda esperar su muerte lenta.

 

Nunca hemos sido considerados como activo de este pueblo y como tal, quieren robarnos nuestro más preciado tesoro. Lo que ellos no esperaban es que existiese una cura a su codicioso veneno, la música. Una música que ahora nos ha unido a todos para luchar de manera conjunta. Citando a Richard Strauss:

 

“En la Tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico, para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio como la música”.

 

Y esto es lo que nosotros hemos conseguido. Coraje. Resistiremos a esta muerte anunciada.

La música no es un negocio, la música es cultura. La música, como el arte en general, es lo que ha conseguido mantener la historia conectada con el paso de los siglos pues todavía hoy siguen manejando nuestras emociones las melodías que años atrás compusieron grandes personas. ¡No se puede vivir sin la armonía de la música! ¡No dejaremos que silencien nuestras voces pues queda aún mucha partitura por tocar!

 

Los alumnos del Conservatorio Montserrat Caballé.

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