EL PODER MEDICO

Artículo de opinión, firmado a título individual, aparecido el día 10 de marzo en el periódico La Verdad de la Región de Murcia, con algunas referencias locales pero un mensaje extrapolable a cualquier otro lugar donde puedan confundirse derechos laborales y legítima queja con el ejercicio de la amenaza a los ciudadanos y la utilización de soterradas huelgas de celo que no hacen sino desprestigiar nuestro, ya mal herido, sistema público de salud, entregando en bandeja argumentos a los que quieren destruirlo

“Pocas veces quienes tienen el poder son transparentes y democráticos. La mayoría de las veces se ejerce el poder desde una especie de ambigüedad paternal: “lo hacemos por tu bien”, y poco se explica. Hay una idea de potencia tras el poder, no tanto en la fuerza que puede aplicar, sino en la posibilidad de hacerse presente, de manifestarse. El saber la existencia de un poder actúa y delimita las conductas humanas, aunque nadie actúe explícitamente, aunque aparentemente no pase nada, ni se diga nada. Soy médico y aprecio a la mayoría de compañeros y compañeras por su abnegación, compromiso, responsabilidad, seriedad o entrega al paciente. Probablemente las mejores personas que conozco, las que más admiro, son médicos. Es una profesión difícil ésta. Siempre sometida a retos e incertidumbres. El reto más importante de nuestra profesión sin embargo no es gestionar el conocimiento sino el poder. La medicina es, quizá, la profesión más poderosa que existe. Me río yo del poder de los políticos. Nadie tiene tan pocos condicionantes para ejercer el poder como el médico. Por eso, más que en cualquier otra profesión, la reflexión sobre la propia actividad es tan importante. No existen muchos más mecanismo de contrapeso que la auto-crítica.

Gran parte del poder del médico se fundamenta en una gran semi-verdad. Una semi-verdad es una idea que es cierta y valiosa pero tras la que se suelen esconder actos que van en contra de esa verdad. La semi-verdad más potente utilizada para justificar el poder médico es: “mi principal objetivo es el bien del paciente”. Desde esa idea tan hermosa, los médicos justificamos todas nuestras acciones y las barnizamos de una patina ética. Esa semi-verdad permite que algunos profesionales sigan recibiendo prebendas o regalos a cambio de utilizar o recomendar un producto u otro sin que se les caiga la cara de vergüenza. Todo por el paciente. Lo más nuevo. Lo más caro.  No siempre lo mejor.

Esa semi-verdad se está esgrimiendo descaradamente en estos tiempos convulsos para defender intereses puramente corporativistas. A los médicos, a diferencia de otros colectivos, nos cuesta reconocer directamente que, en muchas ocasiones, nos movemos por intereses personales. Todavía más, que ponemos nuestros intereses por delante de los de los pacientes o de la propia sociedad. Eso nos haría perder poder delante de los ciudadanos. Esa ficción de altruismo y generosidad en el ejercicio de la profesión sigue siendo una potente metáfora encubridora.

Por eso cuando, en nombre de la “mejora de la productividad” (otra medio verdad, esta vez de los políticos; en realidad solo quieren ahorrarse dinero de la manera más sencilla) modifican condiciones laborales, los médicos esgrimen siempre en primer lugar la pérdida de calidad del sistema y el peligro para los pacientes. El “bien común” también fue enarbolado por los controladores cuando protestaban contra los recortes de sus astronómicos sueldos. Finalmente, tras la “espantada”, se les vio el plumero y la sociedad les ha castigado duramente en términos de prestigio. Cuando se regularizan plantillas sobredimensionadas en hospitales de Cataluña los médicos dicen que morirán pacientes en lista de espera. La sociedad tiembla. Se saben rehenes del poder médico. Es un chantaje encubierto y sórdido del que me avergüenzo. Todos los días mueren pacientes en lista de espera, con o sin recortes. Y es imposible evitarlo. Cuando los médicos dejan de dar altas para que se colapse Urgencias como medida de presión ¿Dónde está el bien del paciente? Lamentablemente los políticos cobardes ceden ante estos viles chantajes y la sociedad calla.

Lo normal es que si hay que trabajar más horas, se trabajen de la manera más rentable en términos de productividad: peonadas por la tarde en atención hospitalaria y sábados por la mañana en atención primaria. Pero habría que hacer más. Quitar médicos de guardia en especialidades sobredimensionadas en efectivos, compartir especialistas localizados para los dos hospitales urbanos de Murcia; controlar las salidas a congresos pagados por la industria de los médicos si no se aporta investigación, igualar la productividad de los quirófanos entre mañanas (cuando el pago es por sueldo; poco rendimiento) y las tardes (cuando el pago es por intervención; alto rendimiento) etc. Yo no comparto esa forma de ejercer el poder y me avergüenza. Hay muchos más médicos en contra de este abuso de poder. No todos estamos en el mismo saco. Y cuidado porque la sociedad nos puede “abandonar”. Es el momento de la responsabilidad; de ejercer el poder en beneficio de la sociedad.  Tanto médicos como políticos”

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